Boletín soycubano.com
 
 
  La Cultura Cubana en sus manos 14 de diciembre del 2004 / Año 2004 No. 19
 
 
:. Editorial  
     
 

SoyCubano felicita a los artistas, creadores y trabajadores en general, que integran el sector de la Cultura de Cuba, con motivo del 14 de Diciembre, fecha dedicada a los que promueven los valores espirituales en nuestra sociedad y propician a todos los cubanos, el acceso a la cultura universal.

 
     
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Un músico llamado Alejo Carpentier

 
     
 

En el año del centenario de Alejo Carpentier.


Si no hubiera escrito varias de las novelas más extraordinarias de nuestra lengua en el siglo XX, si no nos hubiera legado las vastas y profundas razones de lo real maravilloso, si no hubiera auscultado como pocos el meridiano de la sensibilidad americana, tendríamos de todas maneras motivos suficientes para celebrar en Alejo Carpentier su portentosa aventura en los dominios de la música.

Nos asisten sólidos fundamentos para asegurar que en su obra se concentran tres medulares contribuciones a la música cubana: fue el crítico más avezado de su tiempo, el fundador, en paralelo con Fernando Ortiz, de la perspectiva musicológica sobre la cual se cimientan las sucesivas conquistas posteriores en nuestro medio, y el máximo promotor de la verdadera modernidad cubana en materia musical.

Antes de que el novelista ganara fama por sus libros —trayectoria anticipada por la ópera prima Ecué Yamba O!—, un ensayo publicado en 1946 por el Fondo de Cultura Económica en México acreditó definitivamente a Carpentier como protagonista de un acto de fundación: La música en Cuba.

Los que se interesen por la obra musicológica y crítica del escritor cubano pueden rastrear la compilación que Zoila Gómez realizara bajo el título Ese músico que llevo dentro —tres tomos publicados en 1980 por Letras Cubanas—, las páginas sobre este tópico recogidas en Crónicas (Arte y Literatura, 1975), y la interesante colección reunida por Silvana Garriga y Radamé Giro con el nombre Temas de la lira y el bongó (Letras Cubanas, 1994).

Sin embargo, como cuerpo ensayístico predeterminado, La música en Cuba adquiere con el tiempo valores sobreañadidos. Nada parecido se había publicado hasta entonces: una historia de la música cubana que trascendiera la mera enumeración.

Es harto conocido el compromiso de Carpentier con Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla, Heitor Villa-Lobos, Edgar Varese, y Darius Milhaud. Ciertamente, el gran tema del músico Carpentier fue la reflexión sobre la identidad americana y su inserción en la universalidad contemporánea y su gran obsesión, el contrapunto entre la tradición y la novedad.

La anticipación carpenteriana también merece ser exaltada. Juan Blanco recuerda cómo en los tempranos sesenta, cuando el escritor había regresado de Caracas para sumarse al turbión revolucionario, solía auspiciar audiciones con las novedades de Pierre Boulez y Karlheinz Stockhausen que abrieron a los nuevos compositores cubanos la ruta de los procedimientos electroacústicos.

Marta Rojas nos ha contado con cuánta humildad, el ya muy famoso Alejo de 1977 se sometió a la tiranía del espacio y redactó, con ejemplar oficio, una crónica de no más de ochenta líneas, enviada puntualmente por télex antes de la hora del cierre, para publicar en Granma una ceñida y enjundiosa crónica del acontecimiento que llevó al pianista cubano a la cúspide de uno de los más exigentes certámenes europeos.

Inseparable de ese músico que hemos entrevisto en apretadas líneas es otro con el oído en sintonía con el magma popular. En las calles habaneras de su adolescencia, gozó de los pregones y guarachas. Incitado por su relación con Caturla, bebió de fuentes primarias el quehacer de las músicas yoruba y bantú en cabildos y solares. Una vez instalado en París, a resguardo de la orden de captura dictada contra él por los sicarios de la satrapía machadista, se las arregló para presentar a la crítica y la intelectualidad francesa los fragores del son y la rumba. Introdujo a Eliseo Grenet en La Coupole y testimonió el triunfo de El manisero, de Simmons. Disfrutó las tempranas tendencias jazzísticas de Emilio Barreto y Julio Cueva. Ponderó los boleros inigualables de Sindo Garay.

Quizá no se haya divulgado mucho un texto de Alejo que habla de su amplio espectro crítico respecto a la música popular cubana. En 1963, la UNEAC, donde ocupaba una de las vicepresidencias, convocó a un simposio sobre el filin. Como uno más, el escritor y musicólogo ofreció su contribución. Al revisarla ahora resulta sencillamente iluminadora su perspectiva sobre ese movimiento de la canción cubana: “El filin —expresó en esa ocasión— puede tener la ventaja de conducirnos a mejorar las letras de las canciones, que a veces en realidad, son un poco tontas. Por lo demás, una cierta libertad en la emisión, el sentimiento puesto, dependen del talento. Es una manera de cantar tan legítima como otra cualquiera, y que tiene antecedentes que de ninguna manera amenazan la cubanidad de la música. La historia de la música cubana ha demostrado que siempre las influencias son vencidas por la profunda fuerza de la cubanía, por la vitalidad de nuestro acento, y la vitalidad de nuestros intérpretes”.

Un año después Pablo Milanés transfiguraría el filin en nueva trova con Mis 22 años. Alejo contaba con el conocimiento de José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz y Marta Valdés.

A manera de coda, quisiera reformular una frase debida a Carpentier. En la dedicatoria de la crónica titulada Temas de la lira y el bongó y publicada en la revista Carteles en 1929, escribió: “Para el doctor Fernando Ortiz, más músico que muchos de nuestros músicos”. Reconocía de tal modo la labor fundacional del gran polígrafo en el descubrimiento de la tradición afrocubana. Podría decirse a estas alturas que para la cultura cubana, Alejo Carpentier es uno de los paradigmas del músico que nos representa.

Por Pedro de la Hoz Publicado en el Periódico Juventud Rebelde.

 
 
 
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A propósito del XXVI Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, compartimos este interesante trabajo, dedicado a la edición de este evento en el 2002 y que trata de la obra de uno de los hacedores del Cartel Cubano de Cine.

El diseño aplicado al Cartel de Cine tiene en Cuba una significativa y fuerte presencia desde los años 60. La originalidad, vigor e impacto de sus imágenes ha favorecido a esta manifestación de las artes plásticas de la Isla un reconocimiento universal; creadores como Eduardo Muñoz Bachs, Rene Azcuy, Raúl Martínez, Antonio Saura, Alfredo Rostgaard, Antonio Fernandez Reboiro y Eladio Rivadulla entre los principales, aportan obras de gran interés para estudiosos, especialistas y el público en general.

Eladio Rivadulla Martínez. Del cartel y del cine. Rivadulla sigue seduciendo *

La llegada de la XXIV Edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano a La Habana se presta para convocar la memoria del hacer cubano alrededor del séptimo arte. Muy relacionada con el cine se encuentra, desde sus inicios, la publicidad.

En los talleres de propaganda que surgieron alrededor del mundo para acercar todo tipo de productos, de diversa nacionalidad o género, a la sensibilidad de públicos diversos, se formó más de una generación de artistas del diseño. Entre los jóvenes cubanos que, a principios del siglo XX, construyeron sus estilos a caballo entre la capacidad de impacto y la calidad plástica se encontraba Eladio Rivadulla.

Cartel  Cuba Canta y Baila de Eladio RivadullaEntre las décadas del cuarenta y cincuenta Rivadulla define sus recursos expresivos básicos, los cuales mantendrá durante más de cincuenta años de carrera. Cuando en 1998 se le otorga el Premio Nacional de Diseño, en su primera edición, se está reconociendo a todo un carácter dentro del diseño cubano; un carácter cuyos recursos expresivos son reconocibles en las portadas de libros, afiches, y otros objetos surgidos de su imaginación.

La cartelística de cine no es un terreno virgen para este experimentador nato: durante muchos años sus creaciones sedujeron al público cubano para que se acercase a la sala oscura. La capacidad de incitación que aún hoy se reconoce en estas piezas ha llevado a la Oficina del Historiador de la Ciudad a curar la exposición Poéticas de Seducción, que reúne, en el Cinematógrafo Lumiere de La Habana Vieja, anuncios cinematográficos de Rivadulla creados entre 1940 y 1960.

Los afiches, que se ven en esa exposición, se hicieron eco de las producciones del momento y alcanzan, por sí mismos, el valor de obra artística. La labor figurativa-fabular insertada por el autor relega en importancia la publicidad que un nombre de actor o actriz pudiese implicar para el público. La simpatía se despierta por la historia sugerida en los trazos; el reconocible temperamento de los personajes; la justa disposición de luces y sombras para sugerir un ambiente geográfico o psicológico; la eficacia de elementos para definir un entorno histórico.

Estos valores, que no confían en lo perecedero de una fama, sino en el universal poder de sugerencia de una imagen, expresan un método de publicidad que sentó cátedra en la cartelística cubana de las décadas sesenta y setenta. Rivadulla nos muestra sus logros de una etapa ya cerrada de su vida, pero no los trucos, acaso por eso su poética aún es seductora.

* Texto elaborado por Yasmín S. Portales publicado con motivo del XXIV Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

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 :.  Rápidas
   
 

Leo Brouwer.

El director de orquesta cubano Leo Brouwer, incluido entre las principales figuras mundiales en el terreno de la creación guitarrística, fue homenajeado en la XVIII Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara. El agasajo al compositor por sus 65 años de existencia, sirvió como ocasión oportuna para la presentación de la revista cubana Clave -especializada en la difusión de los principales talentos musicales de la Isla- y para ofrecer a los asistentes una panorámica del perfil del sello discográfico Colibrí, de reciente creación para difundir zonas valiosas y poco exploradas de la composición y la interpretación musicales de Cuba.



Con fragmentos del poema épico-social, Canto General, de Pablo Neruda, instrumentado por Mikis Theodorakis, e interpretado magistralmente por la exquisita voz de Anaís Abreu, el Coro Nacional y la Orquesta Sinfónica Nacional, fue inaugurado el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que hasta el 17 de diciembre permitirá disfrutar del mejor cine mundial de esta temporada.

Araceli García Carranza. El Premio Nacional de Investigaciones del 2004 que otorga el Centro de Estudios y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, fue entregado a la Doctora Araceli García Carranza, la más prestigiosa bibliógrafa cubana contemporánea, quien en estos momentos se desempeña como Jefa del Departamento de Investigaciones Bibliográficas de la Biblioteca Nacional José Martí, y es también jefa de redacción de la revista centenaria.En su prolífera obra se encuentran las Bibliografías de José Martí, Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Ernesto Che Guevara y Carlos Rafael Rodríguez, entre otros.

Barbarito Diez
Una nueva edición del Festival de Música Popular Barbarito Diez que tradicionalmente se realiza para recordar la obra del popular cantante, como una de las figuras cimeras de la cultura cubana, dedicará la versión del 2004 al maestro Graciano Gómez, a promover el Danzón como género distintivo del arte cubano y fomentar el interés en los jóvenes por ese baile y otros géneros tradicionales que conforman en gran espectro musical bailable cubano.

La cantante cubana Omara Portuondo, conocida internacionalmente como la Diva del Buena Vista Social Club, fue postulada al Grammy 2005 con su CD “Flor de amor”, en el apartado de mejor música tropical latina. El álbum, editado por el sello World Circuit/Discos Corason, es su segundo fonograma en solitario; contiene 14 canciones de corte romántico y abarca una amplia variedad de estilos. Producido por el británico Nick Gold, “Flor de amor” incluye a un selecto grupo de músicos de la isla y está impregnado de influencias brasileñas y ritmos africanos.

 
     
 
 
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